Cuando abres un motor eléctrico y miras el estátor, lo que ves no es una maraña de cobre puesta al azar. Cada bobina ocupa unas ranuras concretas, con un paso determinado y una conexión pensada. A esa manera de organizar las bobinas la llamamos tipo de bobinado, y elegir bien entre los distintos tipos es lo que marca que un motor arranque con fuerza, gire suave y dure años.
En este artículo repasamos los tres esquemas que todo bobinador acaba manejando: el concéntrico, el imbricado y el ondulado. Sin fórmulas imposibles, con la idea de que entiendas qué los distingue y por qué se usa cada uno.
Qué define un tipo de bobinado
Antes de entrar en cada esquema conviene tener claros unos cuantos conceptos que se repiten. Un devanado se describe por cómo se colocan y conectan sus bobinas dentro de las ranuras del núcleo:
- Ranura: cada uno de los huecos del estátor donde se alojan los lados de las bobinas.
- Paso de bobina: la distancia, medida en ranuras, entre los dos lados activos de una misma bobina.
- Bobina: el conjunto de espiras de hilo esmaltado que forman una unidad.
- Capas: un devanado puede ser de una capa (una bobina por ranura) o de dos capas (dos lados de bobina compartiendo ranura).
Con estos términos en la cabeza, las diferencias entre concéntrico, imbricado y ondulado se ven mucho más fáciles. Si quieres ampliar el vocabulario básico, te ayudará repasar qué hace un bobinador en su día a día.
Bobinado concéntrico
En el bobinado concéntrico las bobinas de un mismo grupo se colocan unas dentro de otras, como aros de distinto tamaño que comparten un centro. Cada bobina tiene un paso diferente: la interior es más corta y la exterior más larga, pero todas rodean el mismo eje de polo.
Es un devanado muy habitual en motores monofásicos y en muchos motores asíncronos pequeños de fabricación en serie. Su gran ventaja es que resulta cómodo de introducir a mano en las ranuras, porque las cabezas de bobina se escalonan y encajan bien. Por eso históricamente ha sido el rey en talleres que rebobinan motores domésticos e industriales de tamaño moderado.
Como contrapartida, las cabezas de bobina ocupan bastante espacio axial y el reparto no siempre es tan uniforme como en otros esquemas. Aun así, para quien empieza en el oficio suele ser el primer tipo que se aprende a montar.
Bobinado imbricado
El bobinado imbricado (también llamado por lapos o de lazo) se basa en bobinas iguales entre sí, todas con el mismo paso. Cada bobina se solapa parcialmente con la siguiente, montándose una sobre otra de forma ordenada y repetitiva, como tejas en un tejado.
Es el esquema típico de los motores trifásicos de dos capas y de buena parte de la maquinaria industrial. Al ser todas las bobinas idénticas, el devanado queda muy simétrico y equilibrado, lo que se traduce en un campo magnético limpio y un funcionamiento suave. Además permite jugar con el paso acortado para reducir armónicos y mejorar la forma de onda.
La conexión avanza ranura a ranura, de modo que la corriente va y vuelve recorriendo polos contiguos. Es un devanado muy versátil, presente en motores de media y gran potencia, y por eso es imprescindible dominarlo si quieres dedicarte en serio al oficio.
Bobinado ondulado
En el bobinado ondulado (u ondular, o de onda) las bobinas no se cierran sobre un grupo, sino que la conexión avanza saltando de polo en polo, describiendo una trayectoria en zigzag que da toda la vuelta al motor antes de volver al punto de partida. De ahí el nombre: el hilo dibuja ondas alrededor del estátor o del inducido.
Este esquema es característico de los rotores de motores de corriente continua y de ciertos inducidos, así como de algunas máquinas donde interesa poner muchas espiras en serie con pocos caminos de corriente. La ventaja del ondulado es que consigue tensiones más altas con menos derivaciones, lo que en su día lo hizo muy útil en tracción y en máquinas de continua.
Para el bobinador de taller es menos frecuente que el imbricado, pero aparece cuando toca reparar equipos antiguos o motores de continua, así que conviene reconocerlo y saber leer su recorrido antes de deshacer nada.
Cómo elegir (y cómo copiar el original)
En reparación rara vez eliges el tipo de bobinado: lo hereda el motor que llega al taller. La norma de oro es reproducir fielmente el devanado original, porque el fabricante lo calculó para ese núcleo, esa tensión y esa velocidad. Cambiar el esquema a la ligera puede desequilibrar el motor o alterar sus prestaciones.
Por eso, antes de retirar el cobre viejo, un buen profesional toma datos con calma: número de ranuras, número de bobinas por grupo, paso, número de espiras, sección del hilo y tipo de conexión. Esa ficha es la que permite volver a montar un devanado idéntico. Si te interesa el paso a paso completo, lo desarrollamos en cómo rebobinar un motor eléctrico.
Lo que esto significa para el oficio
Reconocer si tienes delante un concéntrico, un imbricado o un ondulado es una de esas habilidades que separan al aficionado del profesional. No hace falta memorizar tablas: se trata de mirar el motor, seguir el hilo con la vista y entender la lógica de por qué las bobinas están donde están.
Con la práctica, ese reconocimiento se vuelve automático y te permite tomar datos rápido, pedir el material correcto y montar sin sorpresas. Si estás valorando meterte en esto, echa un vistazo a cómo formarse como bobinador y a los recursos de la web de bobinador.com.