Técnica

Aislamiento y clases térmicas en el bobinado (A, B, F, H)

El esmalte del hilo, el papel de ranura y el barniz forman un sistema aislante cuya clase térmica decide cuánto dura un motor. Te explicamos qué significan las clases A, B, F y H y por qué importan al rebobinar.

Publicado el 24 de julio de 2026 · bobinador.com

En resumen

Qué es el sistema aislante de un motor y qué significan las clases térmicas A (105 ºC), B (130 ºC), F (155 ºC) y H (180 ºC). Por qué la temperatura decide la vida del bobinado.

Cuando un bobinador rehace un motor, no solo devana hilo de cobre: monta a su alrededor todo un sistema aislante que decide cuánto va a durar la máquina. Ese sistema tiene que soportar temperatura, vibración, humedad y ataques químicos durante años. La clase térmica (esas letras A, B, F, H que aparecen en la placa de características) resume cuánto calor aguanta ese conjunto sin degradarse antes de tiempo. Entender qué significan y por qué importan es imprescindible para bobinar bien.

Qué es el sistema de aislamiento de un motor

El aislamiento de un motor no es un solo material, sino varios trabajando juntos. Cada elemento cumple una función y todos deben ser compatibles entre sí:

La clave es que un sistema aislante vale lo que vale su eslabón más débil. De nada sirve un hilo de clase alta si el papel de ranura es de clase inferior: el conjunto rendirá según el material más flojo.

Por qué la temperatura lo es todo

El calor es el gran enemigo del aislamiento. Los materiales orgánicos que lo componen envejecen más deprisa cuanto más calientes trabajan, en una relación que no es lineal: pequeños excesos de temperatura acortan mucho la vida. Existe una regla clásica de ingeniería, conocida como la regla de Montsinger o "regla de los 10 grados", que dice de forma aproximada que por cada 10 ºC de más sobre la temperatura admisible, la vida del aislamiento se reduce a la mitad. Es una aproximación orientativa, no una ley exacta, pero transmite bien la idea: un motor que trabaja rozando su límite térmico dura muchísimo menos que uno con margen.

Por eso las averías por sobrecalentamiento son tan frecuentes, y por eso la clase térmica no es un dato burocrático: marca la frontera entre un motor que dura años y otro que vuelve al taller enseguida. Si te interesa el lado del diagnóstico, lo desarrollamos en averías comunes en motores.

Las clases térmicas A, B, F y H

La clasificación por letras (definida en normas internacionales como la IEC 60085) indica la temperatura máxima que soporta el sistema aislante de forma continuada sin degradarse antes de su vida útil prevista. Estas son las clases que más aparecen en el taller:

Existen clases superiores (como la 200 y la 220) para aplicaciones muy especiales, pero A, B, F y H cubren la inmensa mayoría del trabajo cotidiano.

Cómo se reparte ese margen de temperatura

Ese número máximo no es la temperatura ambiente: es la temperatura real del punto más caliente del devanado. Se suele descomponer en tres tramos: la temperatura ambiente de referencia (normalmente 40 ºC), el calentamiento admisible del bobinado en funcionamiento y un pequeño margen de punto caliente de seguridad. Por ejemplo, en clase F esos tramos suman los 155 ºC. Conocer este reparto ayuda a entender por qué un motor bien dimensionado para 40 ºC de ambiente puede quedarse corto si se instala en una sala mucho más calurosa.

Elevación de temperatura y factor de servicio

Aquí aparece un matiz muy práctico que todo bobinador debe conocer: la clase del aislamiento y la elevación de temperatura de diseño no siempre coinciden. Es muy común encontrar motores con aislamiento clase F pero diseñados para trabajar con elevación de clase B. ¿Por qué se hace esto aparentemente al revés? Porque ese "colchón" de unos 25 ºC entre lo que aguanta el material y lo que realmente alcanza el motor alarga enormemente la vida del bobinado y da margen para sobrecargas puntuales o ambientes calurosos.

Ese margen se relaciona con el factor de servicio, que indica cuánta sobrecarga admite el motor de forma ocasional. Un aislamiento con margen térmico permite exprimir el motor sin castigarlo. Es un principio que conviene respetar al rebobinar: nunca hay que bajar la clase térmica original, y si es posible, mejorarla.

Qué implica todo esto al rebobinar

Cuando el bobinador rehace una máquina, tiene la responsabilidad de reconstruir el sistema aislante a la misma clase o superior que el original. Esto exige varias decisiones prácticas:

La elección de materiales va muy ligada a los tipos de bobinado y a la manera de montar cada devanado. Un trabajo impecable de cobre puede arruinarse con un aislamiento mal elegido o mal curado.

Resumen para el taller

Las clases térmicas A, B, F y H no son letras sueltas en una placa: son la promesa de cuántos grados y cuántos años va a aguantar un motor. Recordar que la temperatura reduce la vida del aislamiento de forma acelerada, que el sistema vale lo que su material más débil y que conviene dejar margen entre la clase y la elevación real de temperatura es lo que separa un rebobinado que dura de uno que falla. Es, en el fondo, la parte invisible del oficio: la que no se ve, pero decide cuánto dura todo lo demás.

Preguntas frecuentes

¿Qué significan las clases térmicas A, B, F y H?

Indican la temperatura máxima que soporta de forma continuada el sistema aislante del motor: clase A hasta 105 ºC, clase B hasta 130 ºC, clase F hasta 155 ºC y clase H hasta 180 ºC. Cuanto mayor es la letra, más calor aguanta el conjunto sin degradarse antes de su vida útil prevista. La clase F es la más habitual hoy en motores industriales.

¿Por qué un motor puede tener aislamiento clase F pero elevación clase B?

Porque dejar un margen entre lo que aguanta el material (clase F, 155 ºC) y la temperatura que realmente alcanza el motor (elevación clase B) alarga mucho la vida del bobinado y da holgura para sobrecargas puntuales o ambientes calurosos. Es una práctica de diseño muy extendida y conviene respetarla al rebobinar.

¿Cuánto reduce la vida del motor trabajar por encima de su temperatura?

Como regla orientativa (la llamada regla de los 10 grados o de Montsinger), por cada 10 ºC de más sobre la temperatura admisible la vida del aislamiento se reduce aproximadamente a la mitad. No es una ley exacta, pero ilustra por qué un motor que trabaja al límite térmico dura mucho menos que uno con margen.

Al rebobinar, ¿puedo usar materiales de una clase inferior?

No es recomendable. El sistema aislante vale lo que su material más débil, así que hay que reconstruirlo a la misma clase o superior que el original, sin mezclar materiales de clases distintas. Bajar la clase acorta la vida de la máquina y puede provocar averías tempranas por sobrecalentamiento.