Diagnóstico

Averías comunes en motores eléctricos y cómo detectarlas

Casi ninguna avería llega sin avisar. Aprende a leer las señales de un motor eléctrico y a diagnosticar los fallos más comunes, eléctricos y mecánicos, con lógica y unos pocos instrumentos.

Publicado el 24 de julio de 2026 · bobinador.com

En resumen

Guía práctica de las averías más frecuentes en motores eléctricos (cortocircuitos, derivaciones a masa, rodamientos) y cómo diagnosticarlas con polímetro, megger y método.

El motor eléctrico es una máquina robusta, pero no eterna. Cuando falla, rara vez lo hace sin avisar: casi siempre hay señales previas (un olor raro, un zumbido, un consumo más alto de lo normal) que un ojo entrenado sabe leer. Aprender a diagnosticar averías es, junto con el propio bobinado, el corazón del oficio de bobinador. Este artículo repasa las averías más habituales en motores de corriente alterna y continua, y cómo detectarlas con lógica y con instrumentos sencillos.

Por qué fallan los motores eléctricos

La mayoría de las averías tienen un origen común: el calor. Un motor que trabaja por encima de su temperatura admisible degrada poco a poco el barniz que aísla el hilo de cobre, hasta que dos espiras se tocan y se produce un cortocircuito. Ese sobrecalentamiento puede venir de una sobrecarga mecánica, de una tensión incorrecta, de una ventilación obstruida o de un rodamiento que agarrota. Por eso, diagnosticar bien no es solo saber qué se ha roto, sino entender por qué se ha roto: si no se corrige la causa, el motor rebobinado volverá al taller en pocas semanas.

Conviene agrupar las averías en dos familias: las eléctricas (afectan al devanado y a las conexiones) y las mecánicas (afectan a rodamientos, eje y carcasa). Muchas veces una arrastra a la otra, así que el diagnóstico serio revisa ambas.

Averías en el devanado: cortocircuitos y masas

El fallo estrella del bobinado es el cortocircuito entre espiras. Cuando el aislamiento entre dos hilos contiguos cede, la corriente encuentra un atajo, esa zona se calienta muchísimo y el motor pierde par, consume de más y acaba oliendo a barniz quemado. Detectarlo a simple vista es difícil si son pocas espiras; se nota antes por el consumo desequilibrado entre fases o por el calentamiento localizado.

La otra gran avería es la derivación a masa: el devanado hace contacto con el hierro del estátor o con la carcasa. Es peligrosa porque puede electrificar la máquina, y por eso los diferenciales saltan. Se comprueba midiendo la resistencia de aislamiento entre el bobinado y la masa con un megóhmetro (megger): valores muy bajos delatan la fuga. También aparece el circuito abierto, una fase interrumpida por un hilo fundido o una soldadura rota, que deja el motor sin arrancar o arrancando con dificultad y mucho ruido.

Instrumentos básicos de diagnóstico

Si quieres profundizar en el instrumental, hablamos de ello en la guía de herramientas del bobinador.

Fallos por causa térmica y de tensión

Un motor conectado a una tensión inadecuada, o alimentado por una red con una fase caída, sufre enseguida. El funcionamiento a dos fases (cuando un motor trifásico pierde una) es un clásico: la máquina zumba fuerte, no coge fuerza y, si nadie la para, el devanado se quema en minutos. También el arranque repetido en poco tiempo recalienta las bobinas. Todos estos casos apuntan a la importancia del sistema aislante: el margen de temperatura que aguanta un motor depende de su clase térmica, un tema que desarrollamos en aislamiento y clases térmicas.

La humedad es otro enemigo silencioso. Un motor parado mucho tiempo en un ambiente húmedo baja su resistencia de aislamiento sin que se vea nada por fuera; al arrancarlo, salta el diferencial. En estos casos, a veces basta con secar el bobinado en estufa antes de dictar sentencia.

Averías mecánicas: rodamientos, eje y ventilación

No todo es cobre. Buena parte de las máquinas que llegan al taller tienen un problema puramente mecánico. Los rodamientos son la avería mecánica más frecuente: cuando se secan de grasa o se pican, aparece un ruido áspero o un silbido, vibraciones y calentamiento en las tapas. Un rodamiento agarrotado puede frenar el rotor y provocar, de rebote, que el devanado se queme por sobreesfuerzo.

Conviene revisar también el entrehierro: si el rotor roza el estátor por un eje deformado o un rodamiento con holgura, aparecen marcas de fricción en las chapas y un ruido metálico característico. Y no hay que olvidar la ventilación: un ventilador roto o unas aletas llenas de polvo y grasa reducen la refrigeración y disparan la temperatura. Muchas averías eléctricas empiezan, en realidad, como un problema de refrigeración mal atendido.

Un método de diagnóstico ordenado

Ante un motor averiado, merece la pena seguir siempre la misma rutina en lugar de ir a ciegas:

Este orden va de lo más barato y rápido a lo más laborioso, y evita desmontar de más. Es la misma disciplina que aplicamos cuando explicamos cómo rebobinar un motor eléctrico paso a paso.

¿Reparar o cambiar? La decisión final

Un diagnóstico honesto no termina en la causa de la avería, sino en una recomendación. Hay motores que compensa rebobinar (grandes, de calidad, con repuesto difícil) y otros pequeños y baratos en los que la reparación no sale a cuenta. Esa valoración forma parte del servicio y la tratamos en rebobinar o comprar un motor nuevo. Si tienes una máquina averiada y dudas, siempre puedes escribirnos para comentar el caso.

Diagnosticar bien es, en el fondo, escuchar al motor: aprender a interpretar sus ruidos, olores y consumos. Con método, unos pocos instrumentos y mucha práctica, un bobinador acaba adivinando la avería casi antes de abrir la máquina.

Preguntas frecuentes

¿Cómo sé si un motor tiene un cortocircuito entre espiras?

Las pistas típicas son el calentamiento localizado, un consumo desequilibrado entre fases y olor a barniz quemado. Con una pinza amperimétrica se detecta el desequilibrio de corriente, y en rotores e inducidos un growler ayuda a localizar la zona afectada. A veces el corto es de pocas espiras y no se ve a simple vista.

¿Qué es una derivación a masa y por qué es peligrosa?

Es cuando el devanado hace contacto eléctrico con el hierro o la carcasa del motor. Puede electrificar la máquina y hace saltar el diferencial. Se detecta midiendo la resistencia de aislamiento con un megóhmetro: valores muy bajos indican fuga a masa y el motor no debe usarse hasta corregirlo.

Mi motor salta el diferencial pero por fuera se ve bien, ¿está quemado?

No siempre. Un motor que ha estado parado en ambiente húmedo puede bajar su aislamiento sin daño real. Antes de sentenciarlo conviene medir con el megger y, si el problema es humedad, secar el bobinado en estufa y volver a medir. Si el aislamiento no se recupera, sí hay avería en el devanado.

¿La mayoría de averías son eléctricas o mecánicas?

Se reparten, y muchas veces una provoca la otra. Los rodamientos son la avería mecánica más frecuente y, al agarrotarse, pueden llegar a quemar el devanado por sobreesfuerzo. Por eso un buen diagnóstico revisa siempre la parte mecánica (rodamientos, eje, ventilación) además del cobre.